Esos minutos eternos esperando el timbre de salida.
Siempre me gustaba quedarme un momento más. Y así fue en la mayoría de los años que viví en el colegio. Quedándome para reír, para compartir con mis mejores amigas y amigos, tener un momento de relajo al final del día.
Hoy, de vez en cuando, vuelvo por las tardes. A escuchar el último timbre del día. A hablar con los que aún quedan aquí. Y de paso, revivir momentos que nunca volverán.